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Cartas de Amistad

[Pagina: 004] Cartas de amistad para ese amigo/ a del alma. - Poesías para enamorar - Los mejores Poemas y Frases de amor envidadas por ustedes. Pensamientos, poesias y poemas de amor romanticos, originales y gratis para ti - Favoritos.
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Yadira


Usted que fue de mi alma lo mas sutil lo mas bonito
Que me enseño a sonreír y a dibujarle con mi pensamiento,
Usted se quedo en mi corazón y en mis adentros
No se olvidarla ni un instante ni un momento

A usted que en mis noches fue el abrigo para mis tormentos,
Lluvia de alegría de mis dulces fantasías
Principio de mis tantas dichas y el despertar de mis nuevos días

A usted que construyo el paraíso
Donde moraban mis más anhelados sueños
Que me robo más de una noche los deseos de dormir
A usted dulce dama le agradezco el tiempo que dedicaba para mí

A usted que no le teme al silencio a la distancia al final
De lo que un día fue remedio para mi paz para mi calma
A usted le dejo todo lo que despertó en mi corazón y en mi alma

No puedo irme así de lo que mas adoro
Necesito que usted sepa que es usted mi más grande tesoro,
Si usted supiera que a veces no se que inventarme
Para no extrañarla y tontamente muerdo mis labios para no llamarle

Si usted viniera y me brindara otra vez su mano,
Y me abrazara con todo su cariño
Volvería a sentirme otra vez entre sus brazos
Como un adolescente como un niño

Tú más fiel y eterno admirador
Atte. Martín Eduardo Castellanos Vivencio
Cartas de Amistad enviado por Martín E Castellanos el Lunes, 26 de Enero de 2009 para Yadira.
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ENTRE TANTAS BOMBAS

La verdad, hermano entre tantas bombas
Que tiran esos locos sueltos encadenados a sus ideas de locos
Y que han trastornado aun más la vida de locos
Que lleva la gente.
Entre tantas bombas como te decía
Que tiran esos locos
Y las tiran con una facilidad de locos
Como quien tira una piedra a una ventana
O una moneda el turista en la Fontana de Trevi
Podrían equivocarse un día como se equivocan los locos
Y tirar entre tantas bombas justo en medio del mundo
Una poderosa bomba de amor cargada de cordura.
Una de esas bombas que al estallar iluminaría el cielo
Y la tierra y los corazones más oscuros como cien soles
O simplemente como una lámpara a kerosén
Quien sabe, quizá, tal vez su onda expansiva
Arrasaría con todo el odio que crece por ahí
Desde los jardines de Babilonia hasta el desierto
De Arizona como hierba resentida
Como plantas venenosas
Borrando de la faz de la tierra cada partícula de rencor
Toda posibilidad de vida perversa las flores eternas del mal
Diría Boudelaire los heraldos negros de la muerte
Como escribió Cesar Vallejos
Y quien sabe quizá tal vez solo tal vez
La gente por fin viviría en un planeta sin llantos
Viviría un tiempo sin miedo viviría entre amigos
Entre hermanos como gente que somos
Intercambiándose besos saludos palomas
Algunos sueños que valen la pena un futuro de paz
De trabajo y prosperidad que le vendría bien
A todos digo a todos por igual hasta a los locos.



¿DONDE ESTABA USTED?


¿Donde estaba usted
cuando el lobo dejó el bosque
y atacó a las mujeres, a los niños y a los hombres
en las calles, en las plazas, en las escuelas,
repartiendo dolor y muerte a plena luz del día?
¿Donde estaba usted?

¿Donde estaba usted
cuando en nombre de la ley,
cuando en nombre de la patria y del Todopoderoso,
persiguieron y atraparon a esa joven
y la quemaron en la hoguera a plena luz del día?
¿Donde estaba usted?

Me dirá que usted no sabe nada
ni de qué estoy hablando
que nunca oyó un lamento
jamás ha visto un lobo.
Y que esa hermosa joven no era su hija,
su nieta ni su sobrina, ni amiga de sus hijos,
ni vecina suya.

Es cierto , me olvidé.
Sus hijos están bien, usted gana muy bien,
quiere tranquilidad, quiere vivir en paz,
para vivir en paz, según dice el refrán,
no hay que ver, ni oír, ni siquiera hablar.

Perdón señor mío, le pido perdón.
Yo creía que usted sabía, yo creía que usted oía,
yo creía que usted veía, yo creía que usted sentía.
Yo creía que usted quería, yo creía que usted podía
yo creía que usted vivía justo enfrente de esa niña

Donde estaba yo
cuando el lobo dejó el bosque
y atacó a las mujeres, a los niños y a los hombres,
en las calles, en las plazas, en las escuelas,
causando dolor y muerte a plena luz del día,
donde estaba yo? donde estaba yo?









Cartas de Amistad enviado por carlos alberto castro el Domingo, 21 de Diciembre de 2008 para A MI CHICA ESNAMORADA DE LOS POEMAS DE GIAN FRANCO PAGLIARO.
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ESO ES LA AMISTAD

Ya se que, no es fácil encontrar.
alguien q a tu lado este,
que te apoye sin dudar
que de su confianza.
y hoy te quisiera convencer
que en la vida lograras
lo que puedas ofrecer,
abre paso a la esperanza.
Sonrie, confia,
un apoyo siempre encontrarás
en mí, eso es la amistad.
lo bueno, lo malo,
juntos lo podremos compartir
eso es la amistad.
porque hoy igual que ayer
aunque duro pueda ser,
el camino haré contigo.
hoy así en la duda o el temor
te consuela recordar
y de vivir en tu interior
las palabras de un amigo.
Sonrie, confia,
un apoyo siempre encontraras
en mi,eso es la amistad
lo bueno, lo malo,
juntos lo podemos compartir
eso es la amistad.
Sonrie, confia,
un apoyo siempre encontraras
en mi,eso es la amistad
lo bueno, lo malo,
juntos lo podemos compartir
eso es la amistad...
ESO ES LA AMISTAD.

Beth y Rosa.



Cartas de Amistad enviado por el Viernes, 21 de Noviembre de 2008 para Anonimo.
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La carta que le escribió Alberto Cortz a Su Santidad Juan Pablo II en abril de 2.003.

Querido amigo:

Así os llamo porque os siento, mi querido amigo en el alma.Durante vuestra última visita a México, en el momento de partir de aquel bendito país el pueblo que os despedía poblando las calles a vuestro paso hacia el aeropuerto con el amor con que la gente despide a sus seres más amados, lo hacían cantando una canción llamada “Cuando un amigo se va”. Enterado de vuestra preferencia por ella y siendo yo el compositor e intérprete original de la misma me permito con humildad ofreceros el disco en donde está grabada dicha canción. Si vuestras altas obligaciones os lo permiten en algún momento de sosiego puede que su audición os traiga recuerdos de momentos emotivos de aquella y de otras sensibles despedidas en vuestra intensa vida de viajero incansable sembrando amor en el mundo.

Os ofrezco mi respeto y mi corazón que es lo mejor que tengo.

Alberto Cortez.
Cartas de Amistad enviado por Libelula el Domingo, 16 de Noviembre de 2008 para Anonimo.
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En mi camino al cielo con un angel me crucé
el me preguntó:
-¿que haces tu aquí?
y yo le respondí:
que estaba muerto de amor por tí
Cartas de Amistad enviado por Libelula el Domingo, 16 de Noviembre de 2008 para Anonimo.
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Para los que tengan ganas de disfrutar de Joan Manuel Serrat y su calidad literaria, aquí dejamos una bella carta, plagada de sentimientos que le escribió a la ciudad de Montevideo.

Querida Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a dormir. Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por los cuatro puntos cardinales y las muchachas se desparramaban adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al Sol del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras. Viajé desde Buenos Aires con Edmundo Rivero, el de las manos como capazos y la voz de trueno;con él compartía cartel en el Parador del Cerro.Vine para un par de días, con urgencias, como siempre, y, nada más llegar, después de atender un par de periodistas tan convencidos como yo de lo efímero del éxito, en especial el mío, salí del hotel con la intención de bajar al puerto a cumplir con una antigua promesa: encontrar la sombra perdida del Graf Spee. De niños, el Tito y yo, conmovidos por el heroísmo de aquellos marineros, rubios como la cerveza, que hacían de buenos en la película, nos juramentamos, al salir del cine, que, en cuanto fuésemos mayores, iríamos a Montevideo a echarles una mano a aquellos desventurados tipos, aunque fuesen alemanes; así que aprovechando la ocasión, aun a sabiendas de que era demasiado tarde para hacer nada por ellos, eché a andar con moderado entusiasmo al encuentro de mis fantasmas infantiles. De cualquier modo, aunque no sacase nada en claro del Graf Spee, siempre me quedaba el Tito quien, en nuestra anual conversación en el bar Juanito, escucharía generoso el relato ampliado y aderezado de este rescate de recuerdos. Pero tú querías llamar mi atención con otras cosas, Montevideo.

Querías que te viera, que me fijara en ti, que me dejara de pavadas de Graf Speeses y marineritos heroicos y que me enredase en tus redes. Por eso abriste para mí la cajita de los asombros y, justo al salir del hotel, aprovechando mi torpeza habitual, me hiciste pisar una bosta de caballlo en la puerta del Hotel Victoria Plaza, antes de Moon. Yo, que había salido a buscar perfumes de niñez me di de morros con ella. Qué admirable y qué insólito se veía en el asfalto aquel trofeo verde y oro. No por el hecho en sí, claro, no por el lugar elegido por el animal para cagar, sino porque aún rondas en caballos por el centro. Aquella bosta le dio una vuelta de tuerca al destino. Me devolvió a los cuarteles de invierno de los años idos. Encendió mi curiosidad empujándome a buscar debajo de tu vestido. Me llamaste y yo atendí y me dejé llevar.

Olvidé el asunto del Graf Spee y a Tito. Olvidé el programa previsto. Incluso olvidé una visita concertada al Estadio Centenario –por cuyas tripas, si uno le pone atención, al atardecer, se escucha el tintineo metálico de los tacos– y caminé a donde quisieron llevarme mis zapatos. Como un gurí por la murga, me dejé llevar por calles engalanadas de forchelas; calles en las que aún estaba caliente el recuerdo de Xirgú y donde los diarios voceaban nombres desconocidos que iban a tardar poco en serme cotidianos;calles que aguardaban todo el año la vuelta del Carnaval, agotadas sus existencias de longanizas para atar perros; veredas por las que los hinchas de Nacional caminaban agrandados con títulos libertadores e intercontinentales bajo el brazo como quien se exhibe con el termo para cocer el mate de la gloria.

El termo. ¿Quién dijo el termo…? El termo y el hombre. El termo y la cancha. El termo y Dios. Qué insólito espectáculo, querida, para unos ojos profanos, contemplar a unos ciudadanos comunes, en su mayoría tipos respetables, yendo y viniendo de sus quehaceres cotidianos con ese artefacto que uno cree reservado a situaciones de emergencia, con la mayor de las naturalidades, enganchados a él como un yonki a la heroína. Aun reconociendo el aporte tecnológico que el termo representa para la cultura de la yerba, no deja de ser chocante para unos ojos profanos, repito.

Aquél día, caminé tus calles como nunca he vuelto a caminarlas mientras tú, Montevideo, hacías todo lo posible por deslumbrarme. Unas veces de frente y otras por sorpresa. Me llevaste a comer achuras al Mercado del Puerto, nos tumbamos en la tarde de Pocitos y juntos amanecimos en el Cerro. Me trajiste a Alfredo y a Daniel y al loco del Sabalero y a la dulce Vera y yo te llevé conmigo al Este, a comernos las noches con Nana, con Manolo, con la Camerata. Me gustaste desde el primer momento, Montevideo, pero fue más tarde cuando me enamoré de ti. Fue cuando te exiliaron y te viniste a mi casa con lo puesto. Ahí, mirada triste, sueños torcidos, carnes torturadas; ahí te conocí, Montevideo; ahí te sentí como algo mío, y ahí nos juramos amor eterno.

Joan Manuel Serrat.
Cartas de Amistad enviado por Libelula el Domingo, 16 de Noviembre de 2008 para Anonimo.
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Cuando ser humilde es la única manera de mostrar que si fue y todavía se es amigo...
Muchas veces tu necesitaste de mí, pero yo creo que yo no tuve esa misma humildad. Estaba tan habituado a nunca necesitar de amigos, tan acostumbrado a ayudar solamente, que nunca abrí mi corazón y nunca pedí socorro.
Pero ayer sentí que me faltaba el aliento, que la ira se encendía en mí y que sentía el deseo de llorar más fuerte que jamás haya sentido; y no tuve valor de pedir una palabra amiga o buscar el consuelo que brindan los grandes amigos. Orgullo tonto, pero que tú entendiste muy bien. No dijiste nada, no hiciste ninguna señal de que me ofrecías consuelo, solamente respetaste mi dolor y allí quedó todo. No escapé y no intenté decir lo que no sabría decir. Lo terrible fue tener que dormir con esa espada atravesada en el corazón.
Le reclamé al Señor diciéndole que estaba perdiendo mis amigos. Pero en el fondo del corazón sentí que estoy dejando de ser amigo.
Cuando se comienza a necesitar demasiado a los amigos, se comienza a perderlos. Entonces decidí decirte que necesito un amigo, pero no quiero necesitarlos tanto que tu tengas que cambiar tus planes a causa mía.
No digas muchas cosas. Di solamente que vas a orar por mí y seré fuerte de nuevo. Ayer necesitaba tener el hombro de un amigo para reposar sobre él y sobre él llorar; hoy solo necesito una palabra amiga. Háblame de mis defectos y de las dificultades que te causa mi amistad. Háblame de las horas en que deseo un poco de sosiego y que insisto en llamar tu atención. Háblame de las horas en que te gustaría recibir de mí un acto de humildad y la confesión de que yo necesito tu amistad y aparento ser fuerte. Hazme llorar, por lo menos una vez. Tal vez sintiéndome solo una vez en la vida, probaré que soy tu amigo de verdad, pues pedir es, muchas veces, entre amigos, la mejor forma de mostrar la amistad. La expresión yo necesito, es muy empleada por personas egoístas, pero fue inventada para quienes se aman y tienen suficiente humildad para pronunciarla de vez en cuando.
Hoy quiero decir precisamente esto: Nuna dije que te necesitaba. Ahora digo: al menos ayer te necesité. Y tú hiciste lo que un amigo debe hacer. Guardar silencio y sentir conmigo.
Tal vez eso sea amistad.....

P. Zezinho. Amistad quizás sea eso!. Tercera edición. San Pablo. 1994. Pag.90.
Cartas de Amistad enviado por Libelula el Martes, 04 de Noviembre de 2008 para Anonimo.
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