Dime un respiro
Para hacerme una pregunta
¿Qué espera a nuestros hijos?
¡En el mañana!
¡Qué ahora, frágil sólo vuela!
Fugaz en la dispersa Araña
¿Podría soportar cuando el viento? ¡Se detiene!
Cayendo, cómo caídas están
Ahora, los presentes.
Caen y caen entre
Alfombras de mil lenguajes
Caen perfumadas las
Conciencias confusas
¡En las redes!
Cómo peces, la paz olvidada.
Dónde unos muros caen
¡Otros, otros más alto se levanta!
Muros, del alma, sin espíritus
Humanamente comprensibles
¡Qué beben la esperanza!
Las flores ¡Cómo lágrimas!
¡Qué rápido se secan en arenas!
Del suelo en el olvido
En la pena
De una primavera ¡qué se va!
¿Qué es un respiro?
En tú miedo y anhelo
Hielo, algodón, libre ¿Libre?
O una lágrima infinita
¡Sin bellas primaveras!
Con el corazón abierto
Y el amor de bolsillo lleno
¡Del vacío del hombre!
Del hombre que ya no es
¡Ni siquiera el mismo!
Tanto miedo le corroe las entrañas ¡Qué lo cambian!
Con él ¿El?
Respiro pregunto
¿Qué está detrás del alfa y el omega?
Un sueño, sólo, de mis pesadillas
Pesadillas de millones
De ése eterno, altísimo qué nos tiene un premio
Al cruzarnos
De brazos en el abuso.
Del fuerte sobre el débil.
De los gigantes sólo de armas.
Sobre las tiernas ignorancias
De las pobrezas succionadas
Divorciados de su corazón
Hermano, hermano ¿Ya te fuiste?
Olvidaste las cadenas
De tus raíces
Entre los candados
Dorados de tarjetas y como plásticos e innúmeros
Indiferentes, apáticos
En sus coches desnudos.
Sólo
Sólo sueño seremos del algún
Dios qué no conoce del sufrir
¡Qué atormenta!
¡Qué solo ama perdonando las crueles injusticias!
No lo sé, Sólo sé de nuestras pesadillas.
De la fama vana que se esfuma
Del opulento qué ríe
Del dolor ajeno, ajeno.
El respiro se detiene
Siento, pienso, creo ¿Existo?
Dímelo respiro, ¿Ya lento respiro?
Las cáscaras de dinosaurio, entre tanto telescopio y microscopio.
¿Dónde está el hombre?
Hombre auténtico
Sin ser esclavo de los conceptos
¡De su libertad absurda!
Respiro
Luego, Vivo ¿Y el alma qué respira?
Más allá del más allá, sin cuerpo
Sin memoria, sin responsabilidad del mal que hace.
¿De algo vale, oh sabio, respiro?
Yo pregunto ¿A quién?
Sí sólo escucho mi voz
Cuando callo, y mi ignorancia
¡No responde!
Respiro cada día más
Y al hacerlo muero, como todos algún día, lo lleguen a saber
Como mi viejo yo, ya muerto.
Por JOEL FORTUNATO REYES PEREZ
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